Columna La Calle que continua con la revisión de la vista del periodista Bertrand Rosenthal invitado a México para hablar sobre la discusión sobre lo que deben o no deben publicar los periódicos respecto del narcotráfico, al respecto el corresponsal de guerra dice; ninguno de mis interlocutores quiere entrevistar al Chapo Guzmán, convertido en el personaje emblemático del crimen organizado, casi un bandido de gran corazón que distribuye dinero a los pobres, es un personaje que ya tiene su leyenda, que merece corridos, sería una primicia extraordinaria, no a cualquier periodista le gustaría que lo vinculen con el narco, qué raro oficio, para reporteros que no quieren ser ni policías, ni procuradores, ni traficantes, sino testigos, observadores.
Bertrand Rosenthal
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- Columna La Calle sobre la obra ´La vida siempre gana´ del periodista Bertrand Rosenthal en donde cuenta;
- “es evidente: el oficio es menos glorioso, más peligroso para un periodista que cubre la sección de crimen organizado en México que para un enviado especial extranjero en territorio de guerra; en todos lados los periodistas locales están en primera fila en los conflictos; y las cifras son implacables: son a los que matan más a menudo en el mundo.
- Frente a las amenazas, siempre puedo irme del lugar y regresar a mi casa.
- Las autoridades pueden expulsarme, pero no tengo que elegir el exilio.
Columna La Calle que aborda la conferencia en la Universidad Iberoamericana que dio el periodista Bertrand Rosenthal, invitado por La Fundación Prensa y Democracia, el objetivo de la conferencia fue invitar a periodistas mexicano a narrar abiertamente sus vicisitudes ante el crimen organizado; cuenta Alfredo Méndez que recibió amenazas de muerte por teléfono agrega, las autoridades intervienen los teléfonos, te siguen y van más allá cuando te dicen: ´Estás metido donde no debes; la realidad es el miedo, en este mundo donde te aconsejan no llamar a la policía cuando eres víctima de un asalto, por miedo a que terminen el trabajo, también los periodistas se sienten manipulados, es un juego perverso; el narco no puede funcionar sin complicidad ni protección.